Hace 5000 años, los egipcios ya habían desarrollado una compleja escritura que denominaban «meduu-netjer» o “palabras de dios”, una escritura jeroglífica de tipo pictográfico que utilizaban para el ámbito de lo sagrado. Esta escritura, compuesta por símbolos que representaban animales u objetos de la realidad cotidiana y que servían para anotar fonemas, logogramas o determinativos, ponía de manifiesto la forma que tenían los egipcios de entender el mundo.

Para los egipcios el cosmos era una representación sagrada, una hierofanía. La escritura jeroglífica representaba el mundo pero, a la vez, el mundo se revelaba como un texto. La imagen egipcia no era una simple representación sino lo representado mismo, el nombre, la letra, tenía el poder de convertirse en realidad, de influir en el mundo real, porque el mundo está compuesto por letras. Por ello, la escritura jeroglífica era considerada sagrada, guardaba un poder que dominaba el tiempo. De ahí que la aplicación de la damnatio memoriae fuera uno de los castigos más duros, la anulación de la vida eterna del ajusticiado. Otro ejemplo de ello se puede observar en cómo se representaban los egipcios, siempre victoriosos y triunfantes frente al caos del enemigo.

En realidad, los egipcios ya intuían el poder de la palabra escrita, su imposición al paso del tiempo, su influencia sobre generaciones futuras dejando un testimonio escrito sobre piedra, imperturbable.

inscripción

De hecho, esta escritura monumental era considerada sagrada y se siguió utilizando hasta el abandono de los últimos templos. La última inscripción en escritura jeroglífica data del siglo VI d.c. y se encontraba en un templo construido en la isla de Philae, a pocos kilómetros al sur de Aswan. Templo que fue abandonado definitivamente en época de Justiniano (aunque Teodosio había cerrado varios templos siglos antes), al igual que la escritura jeroglífica, pues los sistemas de escritura utilizados en esa época eran ya el demótico y el copto. Cuando se prohibió el culto pagano se perdió el conocimiento de la escritura jeroglífica.

Esta última inscripción dice así: «Ante el dios Mandulis, hijo de Horus, de parte de Nesmetajom, hijo de Nesmet, segundo sacerdote de Isis, para que viva para siempre, eternamente. Palabras dichas por Mandulis, señor de Abatón, el dios grande»

El templo de Isis, en Philae, al que puede accederse de forma virtual haciendo clic en la imagen destacada de este post, tuvo que ser trasladado, al igual que otras construcciones egipcias, al construirse la presa de Aswan. Sin embargo, ya antes de la construcción de la presa, el templo quedaba anegado por las aguas durante los meses de inundación. Debido a la posibilidad de que el templo quedara definitivamente sumergido, se decidió trasladarlo a la isla de Agilqiyya en una compleja obra de ingeniería nacida de la cooperación internacional.

En el lado este del patio peristilado del templo de Isis, se hallan una serie de estancias entre las que se encuentran la biblioteca y el archivo, unos de los espacios más importantes del templo, pues eran espacios de transmisión de conocimiento en áreas diversas: medicina, geografía, astronomía, culto y ciencias sagradas, etc. En templos como el de Philae, era habitual en la época que dispusieran de «Casas de la vida», unas instituciones culturales en donde se redactaban y se copiaban textos litúrgicos y religiosos.

Esperamos que os guste poder pasear virtualmente por uno de los lugares más mágicos de Egipto y conocer un templo fundamental para la historia de la egiptología. Cabe recordar que los obeliscos que custodiaban la entrada del templo y que hoy están en Inglaterra, contienen unos cartuchos grabados con los nombre de Ptolomeo y Cleopatra, que sirvieron para que Jean Francois Champolion comenzara a descifrar la escritura jeroglíica.

 

Share This